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Atenas, 8 dic (EFE).- Con mano dura y un amplio despliegue de fuerzas del orden, el nuevo Gobierno griego se congratuló hoy de haber frenado los incidentes violentos durante las manifestaciones de conmemoración de la muerte de un adolescente a manos de un policía hace un año.
Tras tres días de violencias en las calles de Atenas y otras ciudades helenas, sólo unas 200 personas acudieron hoy a la cuarta manifestación convocada por grupos de izquierda para protestar por la muerte de Alexis Grigoropulos, que tenía 15 años en diciembre de 2008.
"Conseguimos nuestro objetivo de aislar la violencia ciega", dijo el ministro de Protección del Ciudadano, Mijalis Jrisojoidis, después de reconocer que una de las estrategias utilizadas ha sido la detención masiva de personas, casi un millar en tres días.
"La Atenas de hoy no recuerda en nada a la del año pasado que ardió durante casi tres semanas", resaltó Jrisojoidis en una rueda de prensa en Atenas, donde aseguró que, gracias a los arrestos, se evitaron "unos cien atentados con explosivos", afirmó el ministro.
En total, en las protestas de este año fueron arrestadas en 4 días unas 800 personas, cuando el año pasado, bajo el gobierno conservador, se detuvieron a 1.600 en tres semanas.
El balance de heridos de las últimas jornadas se acerca a los 40, en su mayoría policías, mientras que en 2008 hubo 231 agentes heridos y centenares de ciudadanos.
Entre los arrestados se incluyeron 162 menores de edad, que en su mayoría fueron dejados en libertad, mientras que unos diez fueron encausados y la justicia demandó a los padres por falta de atención.
Después de que el sábado un grupo de radicales agrediera al rector de la Universidad de Atenas, Jristos Kitas, que fue internado con un ataque al corazón y golpes en el cráneo, el resto de los rectores permitieron que la policía interviniera en los entornos exteriores de las universidades.
Así, es la primera vez desde la caída de la Junta Militar griega y de la restauración de la Democracia hace 35 años, que se ha reducido el espacio del asilo universitario en el que se refugiaban los radicales tras ocasionar disturbios.
Entre los detenidos en los últimos días se incluyen 3 españoles, 7 albaneses, 4 franceses, 2 lituanos, 2 polacos un georgiano y un búlgaro.
Una joven española detenida junto con otras 21 personas el sábado en el barrio ateniense de Keratsini será sometida a un juicio, acusada ayer de "construir y poseer material explosivo".
Otro ciudadano español deberá declarar hoy ante un juez, tras ser detenido junto a un grupo de 41 jóvenes que ocuparon el ayuntamiento de Keratsini.
Jrisojoidis destacó la importancia de resguardar el orden público para proteger la imagen del país, "en un periodo en que se cierran los grandes contratos de las empresas turísticas".
"Se dio la oportunidad al sector turístico para mostrar una Grecia tranquila y segura en momentos de crisis económica", dijo el ministro.
El año pasado la empresa de turismo en Atenas sufrió un descenso de un 25 por ciento de empleo en los hoteles del centro de Atenas debido a las cancelaciones de turistas, después de la ola de violencia y vandalismo tras la muerte de Grigoropulos que destruyó más de 500 tiendas, 360 automóviles y otros tantos cajeros automáticos y 14 edificios públicos, entre otros.
El partido parlamentario Coalición de Izquierda protestó por los métodos utilizados por la policía para reprimir a los manifestantes y denunció presuntos casos de abuso de poder y de maltrato contra los transeúntes.
Jrisojoidis respondió que "la violencia y el abuso policial no pasarán" y agregó: "estuvimos presentes para que la juventud pudiera conmemorar el aniversario de la muerte de Grigoropulos".
El juicio contra los dos policías implicados en el asesinato por un balazo del adolescente está aun pendiente. Su apertura está convocada para el 20 de enero.
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Atenas, 7 dic (EFE).- Las calles de Atenas y otras ciudades griegas vuelven a ser hoy, por tercer día, escenario de manifestaciones y protestas, cuando se cumple un año de los graves disturbios que sumieron el país en el caos tras la muerte a manos de la Policía de un adolescente.
La nueva oleada de protestas, en recuerdo de aquel suceso, cumple hoy su tercera jornada. Hasta el momento, unas mil personas, entre ellas cinco españoles, han sido detenidas por su presunta implicación en actos de vandalismo y enfrentamientos con la Policía.
El nuevo Ejecutivo socialista ha dejado claro que respetará el derecho de manifestación pero que no tolerará actos de violencia, saqueo y terror, y ha desplegado una fuerza de más de 10.000 agentes en Atenas.
El portavoz oficial del gobierno, Giorgos Petalotis, lanzó hoy un mensaje de advertencia a los radicales, a los que indicó que "Atenas y las otras ciudades no están sin protección".
La manifestación masiva convocada para hoy por diversas federaciones estudiantiles y de trabajadores y partidos políticos reunió en la capital a unas 4.000 personas que protestaron pacíficamente ante el Parlamento para recordar al joven Alexis Grigoropoulos, fallecido por disparos de un agente el 6 de diciembre de 2008.
Aquella muerte desató tres semanas de protestas y disturbios, los más graves en el país en 35 años, en los que a la muerte del joven se sumó la frustración de parte de la población ante la mala situación económica, la corrupción gubernamental y la falta de oportunidades para la juventud.
Los dos agentes implicados en la muerte de Grigoropoulos aún no han sido juzgados, después de que el inicio del proceso se retrasará varias veces debido, precisamente, al temor a disturbios.
Al margen de la manifestación de hoy, grupos de radicales encapuchados y armados con piedras, palos y bombas incendiarias arremetieron contra las fuerzas de la Policía en el centro de Atenas, ocasionando daños materiales en escaparates, vehículos y cajeros automáticos.
Las fuerzas anti-disturbios respondieron con gases lacrimógenos y detuvieron a treinta personas, entre ellas tres españoles, que se suman a los dos ciudadanos españoles, una mujer y un hombre, que ya habían sido arrestados los días anteriores.
Desde bien temprano, grupos de jóvenes levantaron barricadas en diversos barrios del entorno de Atenas y atacaron con piedras y naranjas un par de comisarías.
Por otro lado, unas veintidós personas detenidas el sábado en el suburbio ateniense de Keratsini por posesión y fabricación de explosivos, entre ellos una española, comparecieron hoy ante un tribunal.
El ministro de Protección del Ciudadano, Mijalis Jrisojoidis, aseguró hoy que el allanamiento y la confiscación de material para fabricación de bombas incendiarias efectuado el sábado en un centro de reunión de grupos radicales "abortó unos cien asaltos con explosivos".
Otras 41 personas, incluyendo a un segundo ciudadano español, afrontaron hoy cargos de ocupación ilegal de lugar público.
La justicia ha ordenado una investigación para localizar y castigar a los responsables de la agresión ayer contra el rector de la Universidad de Atenas, Jristos Kitas, que sufrió contusiones en el cráneo y un leve ataque cardiaco y se encuentra hospitalizado.
También han resultado heridos en estos tres días de disturbios un total de 29 agentes de Policía y cinco viandantes.
Entre los detenidos se cuentan también ciudadanos de Albania, Polonia, Francia, Canadá, Turquía y Bulgaria.
En la ciudad septentrional de Salónica y en otros importantes centros urbanos del país también se están produciendo disturbios y enfrentamientos de manifestantes con la Policía.
Adriana Flores
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A los pies del monte Taigeto, en el Peloponeso, se alzaba la orgullosa ciudad de Esparta. Sus ciudadanos, educados con extrema dureza, perdían cualquier atisbo de individualidad para convertirse en guerreros ímplacables, cuyo único objetivo era combatir por su patria hasta la muerte.
Una sociedad cuyos miembros eran educados desde niños para combatir, y cuyos ciudadanos sólo tenían como ocupación la guerra. Esto era Esparta: un Estado que hacía de cada hombre un soldado. La fiereza de los espartanos, su valor, su frugalidad y ese orgullo de hombres libres descendientes de los hijos de Heracles se convirtieron en modelo de radicalidad moral y de sometimiento de los ciudadanos a las leyes y costumbres de su ‘polis’, su ciudad. Esparta era una sociedad fuertemente cohesionada por una vida de cuño militar y una estricta educación, en la que los niños abandonaban pronto el núcleo familiar para tomar conciencia de su pertenencia a una ciudadanía igualitaria y solidaria a la que, llegado el caso, tendrían que defender con su vida. Una sociedad en la que la cobardía en los hechos de armas no conllevaba únicamente el deshonor, sino una exclusión social absoluta que llegaba a la prohibición de contraer matrimonio y de participar en instituciones y festejos públicos. La sociedad espartana se dividía en tres estamentos: el ‘demos’, los hombres libres, los únicos que tenían derechos; los periecos, emigrados de otras regiones de Grecia que vivían y trabajaban allí, aunque no participaban en las instituciones; y los hilotas, los esclavos, que provenían de los territorios sometidos de Laconia y Mesenia, podían tener familia propia, no eran vendidos y no vivían en las casas de los amos. Se decía que Esparta era la tierra en la que se podía encontrar a los hombres libres más libres y a los esclavos más esclavizados. Parece que Esparta surgió a inicios del siglo VIII a.C. como una unión de varias comunidades en torno a la ribera del Eurotas: las cuatro aldeas que formaban propiamente Esparta, a las que se añade el núcleo de Amiclas, al sur del valle. Los espartiatas estaban divididos en tres tribus dorias: ‘pamphylleis’, ‘hylleis’ y ‘dymanes’. Pocas décadas después de su unión, las cuatro comunidades llevaron a cabo una serie de guerras para ampliar su territorio hasta apoderarse de Laconia y, posteriormente, cruzar la elevada cordillera del Taigeto para someter Mesenia entre los años 740-720 a.C. Licurgo desempeñó un papel fundamental en la historia arcaica de Esparta, fue un célebre legislador que introdujo las reformas que caracterizaron el Estado espartano y dictó las leyes que marcaron la vida y costumbres de los lacedemonios, como se conocía a los espartanos por su país, Lacedemonia. En Esparta se prohibió el enriquecimiento individual de los ciudadanos y se castigó el ánimo de lucro; sus propiedades eran rigurosamente controladas por un Estado que prohibía la posesión de oro y plata, y que acuñaba una moneda de hierro de escaso valor y cuyo peso la hacía difícilmente transportable, algo que se convirtió en objeto de burla para el resto de los griegos. Desde el mismo instante de su nacimiento, los espartanos estaban al servicio del Estado: los muchachos, para ser soldados, y las jóvenes, para ser madres de los mejores combatientes. La educación estaba encaminada tanto al fortalecimiento físico que requería un hoplita como a la asunción de una férrea disciplina dirigida a borrar cualquier rasgo de individualidad.
Fuente: http://www.historiang.com
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